Eva

Dejó que el hielo se derritiera lentamente y se fundiera con lo poco que quedaba de su mojito. Con los dedos, hizo rotar dentro del vaso una pajita completamente negra, mientras mantenía la vista clavada en un punto fijo de la pared.

-Eva-dijo la voz que sonaba frente a ella.

Ella llevaba un rato exactamente en la misma posición, pero todavía no era consciente de ello. A pesar de que se le había dormido una de sus largas piernas.

-Eva-volvió a repetir la voz, un poco más fuerte.

Tenía el pelo largo y castaño recogido en una cola de caballo y vestía un vestido verde y unas botas marrones. Era una calurosa tarde de principios de junio. Y ella se estaba mordiendo una uña.

-¡Eva!-gritó la voz.

Eva dio un respingo al volver a la realidad y tras unos instantes, focalizó la mirada en su interlocutor.

-Perdona, Mateo-respondió casi en un susurro-. Estaba pensando en mis cosas.

-Eva…-parecía que aquella era la única palabra que Mateo sabía decir. Eva alzó una ceja.

-¿Qué quieres?-le preguntó, un tanto forzada a hacerlo debido al tono que había empleado él.

-Eva, somos buenos amigos desde hace tiempo-sonrió Mateo-. Conozco la mayoría de tus caras, y la de ahora era tu cara de: “tengo un marrón y no sé que hacer”.

Mierda, realmente la conocía bien.

-Es que… he tenido unos problemillas con Johanna-explicó Eva sin dar muchos detalles.

Mateo asintió en silencio, mientras le daba un sorbo a su cortado con hielos.

-Ya lleváis bastante tiempo juntas, ¿no? ¿Cuánto exactamente?-preguntó.

-Hicieron dos años el mes pasado-respondió Eva mirando hacia otro lado, como si fuera algo a lo que no le diera importancia.

-Dos años ocultándole a tu hija que tienes una relación con una mujer-apuntó Mateo antes de dar otro sorbo-. Vaya.

Eva fulminó a su amigo con la mirada.

-He dado en el clavo, ¿verdad?-Mateo se echó su flequillo negro hacia un lado. Debido a la alta temperatura, el sudor perlaba su frente-. Venga, no te enfades conmigo ahora. Perdóname si he sido demasiado directo, pero es que si no, no hay manera de que me cuentes las cosas.

Eva se frotó las manos. Le sudaban mucho, pero no solo por el calor.

-Anoche volvimos a discutir. La situación es cada vez más incómoda, no sé qué es lo que puedo hacer-Mateo permaneció en silencio, esperando a que las palabras brotaran de la boca de Eva-. Johanna quiere que vivamos juntas. Lo cual es una locura, debido a que yo todavía vivo con mi hija.

-Tu hija, la que no sabe que eres lesbiana-Eva volvió a lanzar una mirada asesina a Mateo-. Vale, vale, ya paro-sonrió él-. Eva, Marina tiene diecinueve años. No es ninguna niña. Tú eres una mujer de cuarenta y cuatro. ¿No crees que ella piensa que hay muchas posibilidades de que estés con otra persona y no de que pases sola el resto de tu vida?

-Pero es que estoy con una mujer-dijo Eva acercándose a Mateo y susurrando.

-¿Y qué hay de malo en estar con una mujer?-susurró Mateo imitándola-A mí también me gustan.

Eva frunció el ceño.

-Hoy te has levantado gracioso, ¿eh? No todo el mundo se toma las cosas tan bien como tú, Mateo.

-Es tu hija-le recordó él.

-Más razón aún para que sea más complicado. Desde lo de su padre, Marina…

-Ese tío era un cabrón-sentenció Mateo gravemente-. Que os abandonara fue lo mejor que os pudo pasar después de todo lo que te hizo.

El cerebro de Eva se ausentó durante unos segundos. Hablar de su ex marido tenía como repercusión que recordara una etapa oscura de su vida que se empeñaba en olvidar.

-Bueno, la cuestión es-las palabras de Mateo la sacaron de aquel trance-, que le estás dando demasiadas vueltas al asunto. Si te descuidas, Marina ya lo sabe.

Eva se puso tensa un momento, sopesando aquella posibilidad. Pero al instante se relajó, y dejó escapar una ligera risa.

-No, Marina no tiene ninguna sospecha-aseguró.

-¿Cómo estás tan segura? Tú no lo ves, pero la tratas como si todavía fuera una niña. No es tonta, Eva. Además, sabe que sueles quedar con Johanna. Hay indicios de que podría…

-¡Que no!-cortó ella-Marina cree que Johanna y yo somos muy amigas gracias a las clases de Pilates. Nada más.

-Muy bien, pero sigues teniendo que tomar una decisión-le recordó Mateo.

-Sí, la verdad es que estoy entre la espada y la pared…-se lamentó Eva.

-Bueno, te sigo diciendo que yo no lo veo así, pero…

-Además por si no fuera suficiente, la cosa se complica todavía más-continuó diciendo Eva, haciendo caso omiso al comentario de Mateo-. Mañana voy a conocer a Alex.

-¿Quién es Alex?-Mateo estaba completamente perdido.

-El novio de Marina. Resulta que llevan juntos ya casi un año y no me había dicho nada hasta ahora.

-No te enteras de nada, Eva.

-Bastante tenía yo con lo mío como para encima estar haciendo hipótesis sobre la vida amorosa de mi hija. Hace un par de días Marina me vino diciendo que quería organizar algo para que yo pudiera conocer a Alex y por supuesto, acepté. Así que mañana voy a preparar un festín para que disfruten mientras yo evalúo al novio que se ha echado mi hija.

-Anda que… ya te vale. Que la pobre chavala de diecinueve años te presente a su pareja antes que tú a ella la tuya…-volvió a pinchar Mateo incorporándose- ¿Qué, nos vamos?

-Sí, venga. Vámonos ya-dijo Eva justo antes de dar un traspiés-. Me vas a perdonar Mateo-le dijo a su amigo, que apenas podía aguantar la risa-, pero es que me acabo de dar cuenta de que se me ha dormido una pierna.

****

Todo estaba perfecto. Eva se había asegurado de ello durante toda la mañana. Incluso la comida, ya caliente, estaba repartida en los tres platos colocados sobre la mesa. Eva se había encargado de que su plato y el de Alex quedaran frente a frente. Quería cerciorarse de que su hija estaba con un chico que la merecía y no pensaba quitarle el ojo de encima en ningún momento. Aunque le costaba admitirlo, desde lo de su ex marido le costaba fiarse de los hombres.

Escuchó el sonido de las llaves abriendo la puerta del pequeño piso, y Eva se acercó hasta allí mientras se mordía una uña. Tenía que dejar aquella manía, a Johanna la ponía de los nervios y a ella tampoco le gustaba, pero muchas veces lo hacía inconscientemente.

Marina fue la primera en entrar. Alta, de piel tostada por el sol y un pelo castaño algo rubio, cada vez se parecía más a ella.

-Hola, mamá-saludó Marina a su madre.

-Hola, cariño-Eva le devolvió el saludo con una sonrisa.

A Eva le sorprendió bastante ver entrar a otra chica detrás de Marina. Era algo más baja que su hija, llevaba unas gafas de pasta negras y el pelo oscuro con puntas pelirrojas.

-Disculpa-dijo la desconocida antes que nadie pudiera decir algo más-. Sé que primero deberíamos presentarnos y todo eso, ¿pero te importaría decirme antes dónde está el baño? Es que no aguanto más-terminó con una sonrisa amable.

-Claro, eh… esto-Eva no entendía nada-. ¿Ves aquella puerta? Pues justo ahí.

-¡Gracias!-exclamó la desconocida, justo antes de echar a correr hacia la puerta indicada.

Sin mediar palabra, Marina se quitó el pesado bolso marrón que llevaba y lo lanzó al sofá. Después, volvió a acercarse a Eva.

-Marina, cariño-le dijo esta, un tanto confundida-, tu amiga parece muy maja, pero pensaba que en la comida de hoy ibas a presentarme a tu novio Alex. La verdad es que ya me había hecho a la idea.

Marina se quedó boquiabierta.

-¿Novio? Pero, ¿qué estás diciendo mamá?

-Bueno, pues que como el otro día comentamos que hoy traerías a Alex para que le conociera, pues…-Eva no sabía muy bien cómo explicarlo.

Marina se puso una mano en la frente.

-Ay, mamá… justamente de esto tenía miedo yo-tragó saliva-. Mira, no te asustes por lo que te voy a decir, ¿vale? Pero… la chica que ha venido conmigo es Alex, mamá. Alexandra. Mi novia.

Eva sintió cómo una especie de energía le subía por todo el cuerpo, de los pies, hasta llegar a la parte más alta de la cabeza. De repente, el cielo que hacía unos días veía lleno de nubes se había quedado completamente despejado. Pensó en Johanna. Pensó en Marina.

-¿Sabes qué, Marina?-dijo Eva con voz excitada mientras se mordía una uña-Yo también tengo algo que contarte.

Escrito por Decker Johns

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