Los camarotes (De crucero con mi padre 2. Versión Web)

Serie de Relatos Gay  De crucero con mi padre para Kedacon.com

1. La sorpresa

2. Los camarotes

Aún alucinando por la sorpresa de encontrarnos en un crucero gay sin saberlo, mi padre y yo decidimos ir a los compartimentos para dejar las maletas.

Llegar hasta el camarote no fue nada sencillo. Siempre he tenido un sentido de la orientación terrible. Y entre la inquietud, y que aquello era como un laberinto, tardamos más de veinticinco minutos en encontrar el dichoso alojamiento. Estaba situado justo al final del barco y tuvimos que subir y bajar tropecientas escaleras, algunas estrechísimas y empinadas. Casi todo el trayecto lo pasé despistando a mi padre, hablando sin parar y sufriendo por si nos topábamos con algo que pudiera alertarle. Me sentía como Rick Grimes huyendo de los caminantes. Pero al poco tiempo y para mi tranquilidad, los accesos a los camarotes quedaron despejados. Lo más probable era que el resto de los pasajeros se encontraran en el teatro de la planta superior, donde tenía lugar la reunión de seguridad. […]

Cuando finalmente llegamos a nuestro compartimiento, sentí un gran alivio por volver a controlar la situación. Al abrir la puerta, me quedé totalmente embelesado. Nunca hubiese imaginado una cabina tan espaciosa y lujosa. Supuse que, al ser un viaje ganado en un sorteo, nos pondrían en un pequeño zulo con un par de literas y un ridículo ojo de buey, como mucho. En su lugar, majestuosas ventanas ocupaban toda la pared, ofreciendo unas alucinantes vistas del mar. El sol empezaba a esconderse tímidamente en el horizonte y la hechizante luz del atardecer envolvía toda la estancia con infinitas tonalidades de azules, morados y naranjas. Era tan romántica la estampa que me hubiera sentido en el paraíso… de no estar acompañado por mi padre. Mientras yo seguía tumbado en la cama, cautivado por las sugerentes vistas, él se dedicó a examinar todo el camarote: los armarios, el mueble bar, los obsequios del cuarto de baño…, incluso comprobó la consistencia de los colchones. Fue entonces cuando se rompió la magia que, por unos instantes, me había hecho olvidar todas mis angustias.[…]

Mi padre siempre ha sido muy exquisito con las comidas y no le metes en cualquier sitio. Pero tenía tanta hambre, que le pareció estupendo entrar en el primero que encontramos, uno de comida americana. Tras devorar la primera hamburguesa, totalmente concentrado en saciar su apetito, los ojos de mi padre empezaron a observar con detenimiento el local.

– Este local es un poco… un campo de nabos, ¿no te parece hijo?

La boca del estómago se me cerró y tuve que parar de comer. Instintivamente me puse a buscar mujeres en el restaurante, para distraer su atención.

– ¡Qué va! También hay chicas… Está la camarera… la cocinera… y… ¡ellas! –señalando a una pareja de mujeres, que recién entraba en el restaurante, cogidas de la mano.

– Para el caso… parecen dos hombres. ¡Y qué manía con ir de la mano, qué ya no son unos colegialas! ¡Seguro que piden tortilla! –riéndose–. ¡Anda! ¡Pero si se han dado un beso en la boca!

– Ya…

– ¿Cómo que ya? ¡Muy normal no es!

– En este crucero, sí. Para tu información, estamos en un barco donde los pasajeros son gays en su mayoría. O si no, son amigos de ellos… O familiares.

-¡¿Cómo?!

-Se les llama cruceros gayfriendly. Y aquí, a nadie le importa ver a dos personas del mismo sexo besándose. ¡A nadie, menos a ti, claro!

De repente, la cara se le desencajó…

 

Continuación del relato De crucero con mi padre en Kedacon.com

 

Publicado por © Víctor Rentero para Kedacon.com.
Extraido de su libro “De crucero con mi padre”. Disponible en Amazon en versión ebook y en papel. Todos los derechos reservados. Queda prohibido copiar o imprimir el texto.

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