Buscando doctores gay

LLevo ya más de cinco años soltero y no es porque no quiera, porque ganas tengo, y muchas. Mi problema es que no había encontrado a nadie que me satisfaciera lo suficiente. Todo cambió el día que conocí a mi doctor.

Todo aquel que me conoce sabe que soy un hipocondríaco redomado, y con la edad va en aumento, por eso hace unos meses llegué a la conclusión que mi media naranja debía ser médico o doctor. Y a poder ser rico. Un hombre que sepa tratarme cuando caiga enfermo.  No, aún, no lo estoy, pero con tantos peligros en la calle, virus, gérmenes…, y los años, que no pasan en balde, lo mejor es tener a un médico en casa que sepa qué hacer en caso de urgencia. Si algún día me da un infarto quiero estar en buenas manos.

Bueno pues, tras decidir qué tipo de hombre me convenía decidí salir a buscarlo. El primer destino que se me ocurrió para concocer a doctores gay fue en Chueca.

Hacía un tiempo que no salía por el ambiente y no recordaba muy bien como era aquello. Entré a todos los garitos en los que la media de edad de la gente pasaba de los 35, osea dos. Acabé en el Black and White viendo un espectáculo de unos drags bastantes graciosos. Era entre semana y excepto otro tio y yo, todos los que quedaban parecían cobrar por sus servicios afectivos.

Viendo que no iba a encontrar nada allí que me interesara me fuí a mi casa a pensar dónde podría encontrar a mi doctor. Me puse la tele y justo estaban poniendo Doctor 90210. Entonces se me ocurrió que tal vez si iba a un hospital de gente pudiente encontraría a mi doctor gay, tipo Robert Rey.

Al día siguiente me fuí al Ruber. Me dí unos cuantos paseos a ver si veía algún bata blanca de mi edad pero no hubo suerte dentro. Cuando salía, ví entrar a un hombre guapísimo, con la camisa medio abierta, los puños remangados y un montón de papeles y carpetas. Esperé un rato y escuché cómo saludaba a una enfermera y esta le respondía:

– Buenos días, Doctor Alvoa.

No había duda ninguna, era  mi doctor. Aunque él aún no lo sabe, pero de esta noche no pasa. Hoy cuando termine su turno le estaré esperando para declararme.  Yo creo que es gay, pero no estoy seguro de si lo es realmente o es lo que quiero creer.

Aquella mañana, en el hospital no supe más de él. En casa me puse a investigarle en internet. Descubrí que era urólogo. Lo que me dió una inmensa alegría. Supuse que si era urólogo era porque le gustaba  ver penes…

Justo a la mañana siguiente, casualmente, me desperté con un ligero dolor de testículos. No lo dudé ni un momento y me fuí a pedir cita con Sanitas. Como es privado, en seguida me dieron hora con mi Doctor.

En la consulta estaba nerviosísimo. Qué guapo era, que voz, que boca, qué manos. Me costaba artícular las palabras y como una pedazo de actriz lo achaqué al dolor y a la situación. Cuando me bajé los pantalones empecé a temer que mi entrepierna empezara a crecer como loca. Le miré a la cara y me pareció sentir que le gustaba lo que veía, pero no me atreví a decir nada.

Tras una maravillosa tocada de huevos, me dijo que no parecía tener nada raro. Me dijo que si hacía tiempo que no eyaculaba o si por el contrario, lo había hecho mucho, en ambas situaciones me podría doler por ello.

No sabía si me lo estaba preguntando con segundas o qué, pero cuando iba a preguntarle si quería mi número de teléfono, se despidió de mí y me echó vilmente de la consulta.

Menos mal, que la cita había sido maravillosa porque cuando me dijeron lo que tenía que pagar casi me caigo del susto.  Me comentaron que volviera en unos días que el precio me cubría la segunda visita también.

Durante un mes me he estado pasando casi a diario cerca del Ruber a ver si coincidía con él en la calle, pero no he conseguido verle.

Para colmo, el día que volví a la consulta, ayer,  tuve la mala suerte de encontrarme con el médico suplente. Una señora de casi 60 años con una halitosis importante. Por supuesto la dije que estaba como nuevo, que ya no había tenido más molestias y me fuí. Antes de salir del edificio, me colé en uno de los despachos que había al lado de la consulta y ví el planning de la plantilla. Copié todos los horarios de mi doctor y me volví a casa.

Hoy sale a las 10 de la noche. Voy a aparecer como el que no quiere la cosa y haciéndome el sorprendido le saludaré. Estoy de nervioso como si tuviera quince años. Espero que me recuerde y le apetezca tomar algo conmigo.

 

Relatos Gay.

Escrito por Víctor Rentero

Mira también

Un viaje emocional por océanos de sentimientos

La ópera prima del escritor y guionista, Víctor Rentero, “Una sorpresa inoportuna”, es una sorprendente, …

Uso de cookies

Este sitio utiliza cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies.

ACEPTAR
Aviso de cookies