Ahora sí. Un relato sobre transexualidad

Estoy muy nerviosa y me tiembla todo el cuerpo. No me puedo creer que ya haya llegado este momento. Para intentar relajarme he decidido, aprovechando nuestro nuevo portátil, ponerme a escribir lo primero que se me pase por la cabeza. La verdad que no me arrepiento nada de haberlo comprado. El ordenador, me refiero.  Para poder comprárnoslo tuvimos que cambiar las soñadas vacaciones con pulserita en el Caribe, por el piso en Gandia con los padres de mi novio. Por cierto, se está retrasando un poco, ya tendría que estar aquí. Anda que como me lleven al quirófano antes de que venga…

Se llama Eduardo y es el mejor hombre del mundo. Al menos, hasta ahora, es la persona que más he amado. Siempre ha estado ahí cuando lo necesitaba. Cuidándome y apoyándome. Sacándome  una sonrisa incluso en los momentos más difíciles de mi vida. Estoy contentísima de haberle conocido. Le quiero más…

La que si está conmigo es mi mami. Está sentada en la silla haciendo crucigramas. En cuanto nos han dicho que en un par de horas me metían para dentro se le ha desencajado la cara de los nervios. Ahora parece que se ha tranquilizado un poco. De vez en cuando  me pregunta que qué tal voy y vuelve a sus autodefinidos. Pobrecita. Realmente está mucho más asustada que yo.

¿Por dónde irá ya Edu?

Como decía antes, he tenido mucha suerte de encontrarle. Es mi media naranja. Mi principe azul. Se lo debo. Quiero ser el 100% de mi misma para mí y para él.

Mi vida no ha sido un camino de rosas ni mucho menos. He sufrido uno de los dolores más profundos y menos comprendidos que hay. Constantemente, desde muy pequeñita, he tenido que enfrentarme a la discriminación y al ridículo por ser como soy. Por desafiar las normas sociales de género he tenido que aguantar lo insoportable. He padecido maltratos físicos y psíquicos de mucha gente, hasta de mí misma. Pero mi familia, afortunadamente, siempre me ha apoyado. Sin ellos, estoy segura de que no hubiera tenido la suficiente fuerza para seguir adelante.

No son el rechazo y las agresiones lo que más duele. El verdadero dolor es sentir que tu cuerpo no te pertenece, que no te identificas con él. Es increíblemente fustrante experimentar que tu sexo subconsciente y tu sexo consciente están enfrentados entre sí. Las veces que atenté contra mi vida fue por ese dolor crónico y persistente, por el hecho de que me sentía fatal en mi propio cuerpo. Una sensación espantosa, que me afligía más que cualquier daño, físico o emocional que pudieran hacerme.

Poco a poco me consumía y la tristeza me devoraba cada segundo que pasaba. Cuando mi cuerpo empezó a desarrollarse decidí empezar con mi transición. No podía seguir viviendo así.

Antes de conocer a Eduardo tuve que lidiar con algún que otro personaje. Algunos chicos con los que estuve sentían que estar conmigo, de alguna manera, ponía en peligro su masculinidad y su heterosexualidad. A cambio yo recibía humillaciones, insultos, maltratos. Y lo único que hacía era amar. Claro está, a la persona equivocada.

Hace cinco años que una parte de mi mundo cambió. El hombre correcto iluminó la mitad de mi vida, y hoy mismo, se encenderá la otra mitad. Esta operación significa mucho para mí.  Cuando salga del quirófano seguiré siendo Sara  pero con mis dos sexos acordes. El físico y el mental. Por fin podré entregarme en cuerpo y alma al hombre que amo, sintiéndome completamente íntegra.

Mira, los tres hombres de mi vida acaban de aparecer por la puerta de la habitación. Mi Edu, mi padre y mi hermano. Ya estamos todos. Ahora sí estoy preparada. Hoy volveré a nacer tal y como tenía que haber nacido.
 

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